sábado, 16 de mayo de 2020

Mama Rita, una gran mujer emprendedora




                                          Por: Wálter Alejos Calderón
Retrato de Mama Rita - Archivo Baldomero Alejos



María Julia Calderón Najarro, a quien su familia, amigos y los ayacuchanos la conocían como RITA, fue esposa del maestro fotógrafo Baldomero Alejos Bautista. Dama nacida en Huamanga, fue hija de Don Severino Calderón Alarcón, artista extraordinario, músico imprescindible en las fiestas religiosas de la Iglesia Católica y adornista de las andas de las procesiones de Semana Santa. Su madre fue doña Francisca Najarro, mujer huamanguina cuyos padres se dedicaban al comercio.  Su niñez no fue la más afortunada.  Debido a problemas familiares de su madre, por consejo de familia se recomendó y determinó que viviera con su padre, su abuela Feliciana y sus tías Rufina, Alejandra y Mercedes, quienes le brindaron amor y protección a Rita.

A pesar de la adversidad, la vida de Rita se caracterizó por ser muy activa, y su vida espiritual también. El numeroso entorno que la rodeaba contribuyó a su desarrollo multifacético. Siendo aún una púber destacó en todo lo que se proponía hacer en muchos aspectos de la vida. Fue así que el saludable ambiente familiar y la sociedad de entonces, apacible y tranquila, facilitó el que estudiara en la Escuela Pre Vocacional Centro Viejo, llamado después Nro. 612 ubicada en la primera cuadra del Jr. Callao, dirigida por la profesora Emilia Paz Vergara, donde aprendió a leer y escribir, así como hacer deporte y destacar en el vóleibol, llegando a pertenecer a la selección de su plantel participando en todas las competencias en Ayacucho. 

Fue precisamente en esas circunstancias que  el señor entrenador del equipo, profesor Octavio Alcázar, más conocido como “Chevelo” le presenta providencialmente a Rita, a su amigo Baldomero, y desde entonces entrelazan una admirable y gentil amistad que con los años terminaría en matrimonio.

La abuela de Rita, doña Damiana Alarcón, era una experta en panificación. Desarrollaba sus labores en la Casona Horno Cabrera del Jr. Bellido Nro. 402, de propiedad de la familia Romero, donde Rita y sus tías iban ayudarla en la preparación de los distintos productos, de modo que, desde niña, Rita había aprendido a elaborar panes y dulces siguiendo las recetas de sus experimentadas guías y maestras que acompañaban a Damiana.  Más adelante, se casa con  Baldomero Alejos y adquirieren juntos la Casa Horno. Para ella tener su propio horno, significó hacer sus sueños realidad, y además, tener la oportunidad de poner en práctica su talento en la panificación.    

En esa Casa Horno, tanto ella como su esposo Baldomero, se sumergían por separado en sus actividades. Rita, conocida por sus exquisiteces, llegó a ser considerada una verdadera maestra de la panificación en Ayacucho.  Su destreza, la calidad de sus insumos y sobre todo el sabor y suavidad de sus panes, bizcochos y pastelillos, hicieron de sus dulces y panes, productos inigualables pese a que ella compartió todos sus secretos con sus discípulas que trabajaron con ella en el horno. 

Rita se especializó en la elaboración de Wawas, pastelillos y panes de diversa textura, forma y sabor. Preparaba además del clásico “chapla”, panecillos de yema que eran especiales para fiestas y el “Jasi”, que era el pan de salvado y germen de trigo, preparado del “afrecho” que resultaba de cernir la harina.  Este pan, por tener insumos más económicos, era consumido básicamente por los campesinos de pocos recursos.

Ella, cuidaba mucho el proceso de elaboración de su producto final y disciplinadamente, se involucraba en él de comienzo a fin, supervisando cada etapa de producción.






Lo primero que Mama Rita hacía, era preparar su propia harina.  Enfatizaba que esa era la base fundamental para preparar ricos panes y dulces. Ella compraba el trigo por “fanegas”-que eran aproximadamente 43 kg por costal- de los mismos campesinos que traían sus productos desde el campo, y hacía una mezcla del trigo “Pusa” -que era de color gris y le daba consistencia a la masa- con otro llamado Común” o “amarillo” que era  pequeño y más delgado de color plomizo y, un  tercer trigo llamado “Perla” que tenía un color ligeramente rosado; algunas veces utilizaba el trigo “Aurora” y “Florencia” en reemplazo de este último.  Rita manifestaba que con esta mezcla el pan salía más agradable por cuanto uno le daba un excelente sabor y los otros, consistencia y volumen.

La mezcla de los  trigos luego pasaba por un proceso sencillo de selección, orientado a quitar las impurezas que casi siempre lo contaminaban.  Para tal fin, nos reunía a los hijos y adultos de la casa para “escoger el trigo”. Nos sentaba alrededor de una mesa y en el centro colocaba los montones de trigo a limpiar. Con las manos los íbamos escogiendo, atrayendo hacia nosotros los granos y quitando a un lado la paja, piedrecitas y semillas. El trigo limpio lo dejábamos caer al piso, donde se hallaba extendido un mantel grande donde se iba acumulando. Terminada la selección se devolvía a los costales y se cosían herméticamente para llevarlos a unos de los molinos de Huatatas.  Esa zona era un valle donde había muchos molinos de piedra como el de Chaka, molino del señor Benigno Medina, el Molino Wayra de la familia Huamán, El molino  Santiago, etc. Los sacos de trigo se almacenaban en un ambiente hasta el momento de la molienda. Rita iba personalmente al molino para supervisar la molienda de estos, lo hacía a pie acompañando a las acémilas que cargaban los sacos de trigo.


La calidad de sus panes Chapla, dulces y sus famosas Wawas se debía básicamente a la calidad de la  harina que preparaba.  El color de la harina preparada por Rita no era blanca, como aquellas harinas procesadas que se utilizan en la panificación de los panes hoy en día, llamada harina del norte, sino tenía un color ligeramente gris-amarillento y su textura no era  tan fina como la harina actual, por cuanto contenía el germen del trigo, componente de gran valor alimenticio que la harina blanca que se comercializa hoy, ya no la tiene debido a que los fabricantes la extraen para venderlo por separado y a un alto precio.

Por otro lado, el hecho que la harina que preparaba Rita no era pulverizada tan finamente como la comercial de hoy, sino que contenía granos más grandes, le daba otra consistencia a su masa. Estas son las principales  razones  por la que las actuales chaplas, dulces y Wawas  ya no tienen el sabor original ni la consistencia de los preparados por Rita.




Otro hecho muy singular es, que la preparación que hacía Mama Rita, era personalizada, sin recetario.  Si bien es cierto se puede  hablar de los ingredientes y el peso de cada uno por cierta cantidad de harina, en la práctica ella medía al cálculo y probaba con su paladar cada paso de la mezcla. Así con toda autoridad ella podía decir agreguen éste u otro ingrediente o hacer algunas variaciones para que esté más delicioso.  Probando el sabor de la mezcla le daba el “toque exacto” que necesitaba la masa.  Este era un detalle que hace una gran diferencia de Rita con sus sucesoras en la preparación de sus deliciosas Wawas, dulces y panes chapla.   Ella le daba su toque personal y artístico que era imposible imitar.  Muchas de sus alumnas o asistentes hoy producen todos estos manjares, pero ninguna de ellas ha logrado alcanzar la calidad y exquisitez conseguida por Mama Rita.

Otro factor a tener en cuenta es que su elaboración se hacía en horno a leña que le da un valor agregado al sabor por las mismas esencias que expide la leña y se impregnan en todos los preparados. Hoy muchos hornos son a petróleo o electricidad y definitivamente el sabor es diferente.  Su secreto se fue perdiendo en el tiempo y al final de su vida se fue con ella.

Tal fue la fama de Rita que ningún viajero o visitante a Huamanga, podría regresar a su lugar de origen, si no pasaba por el horno o la tienda de mama Rita a comprar sus deliciosos manjares. En la fiesta de Todos los Santos compraban los bizcochos en forma de “Wawas” -que significa bebé en quechua-  o en forma de “Caballos” para regalar a los compadres o comadres. Esta fama trascendió fronteras, tal es así que el mismo señor presidente de la República, Don Fernando Belaunde Terry, mandaba solicitar una “Wawa” y “un caballo”. El tamaño era de una altura de 80 cm  aproximadamente cada una. Para ello el señor Prefecto de Ayacucho  hacía el contrato con Rita para atender el pedido y regresaba al día siguiente a las 6 am. para recoger el pedido, que adecuadamente empaquetado, era directamente llevado al aeropuerto de Ayacucho y entregado al piloto del avión comercial que había aterrizado a fin de que lo transportara a Lima.  En el aeropuerto de Lima esperaba un encargado de Palacio de Gobierno para llevarlo directamente a la mesa del señor presidente, quien podía tomar así un agradable desayuno con las “Wawas” de Mama Rita.

Lo mismo ocurría con sus dulces de Semana Santa. Rita preparaba las ricas rosquitas, bizcochuelos, pan de yema, maicillos, cocada de almendras, trujillanos, suspiros, el Oquendo de manteca; todas verdaderas delicias para el paladar que ofrecía al público en su tienda situada en los exteriores de la misma Casa horno del jirón Bellido. Los clientes tenían que forzosamente visitarla porque ella no los ofrecía en el mercado o en la calle.

Creo que es digno reconocer y valorar el trabajo y el aporte de esta pareja de emprendedores  Baldomero y Rita a Huamanga.  Ambos han dejado un gran legado que se perennizará en el tiempo: Baldomero en la Fotografía con 50 años de historia y María Julia en el campo gastronómico de la panificación.  HONOR Y GLORIA A AMBOS.                                  

Baldomero Alejos, uno de los predecesores del Retoque Digital

   

                                                                            Por: Wálter Alejos Calderón

Cuando hablamos de fotografía y retratos, el retoque fotográfico se vuelve imprescindible y necesario.   Las personas desean  salir bien en una fotografía; tanto damas y varones  a través del tiempo, se han preocupado por lucir un rostro agradable, una tez suave y sin imperfecciones, un cabello bien arreglado, disimular la papada y mostrar ojos relucientes.

Este deseo innato de los seres humanos se puede corregir.  Actualmente, existen técnicas como el Photoshop, en sus diferentes versiones y que han sido mejoradas permanentemente, que permite al que sabe utilizarlo, efectuar todo este trabajo utilizando una computadora, un mouse, el teclado y el Software. Este programa tiene tantas herramientas que fácilmente se puede retocar un rostro o los fondos, vestimenta etc. en una  fotografía.

Hoy en día todos los celulares modernos de pantalla tienen herramientas o aplicativos que le permiten el retoque automático, debido a que están programados de  manera tal que el usuario puede elegir el efecto en el rostro que desea tener, suavizar  la arrugas y muchos otros cambios, con solo presionar en la pantalla. No se necesita tener amplios conocimientos de fotografía para hacerlo y hasta los niños lo pueden hacer si mayores problemas.

 ¿Cómo se retocaba antes de la creación de softwares como Photoshop?


Baldomero Alejos Bautista considerado como uno de los cuatro grandes fotógrafos peruanos, fue un verdadero artista que dominaba a la perfección el retoque fotográfico en las fotos en blanco y negro. Esta era su técnica:

Tomaba el negativo en Blanco y negro, le colocaba una gota de Matolina, y lo dispersaba suavemente sobre la parte opaca del negativo y esperaba que seque. A continuación, utilizaba un lápiz Stadtler de grado 1,2,3 de acuerdo con la densidad del negativo.  Con una punta muy  aguzada y fina  empezaba a pasar por cada imperfección en el rostro de la persona, con una suavidad y pulso extraordinario, consiguiendo suavizar una  arruga, o quitar manchas exactamente con el mismo tono de la tez de la persona, de manera que conseguía un cutis terso y atractivo.  Podía corregir o perfilar una nariz o cambiar de tono el iris de los ojos y también reducir un poco las “papadas” en las damas o en los caballeros subiditos de peso.
Baldomero  explicaba, cuando me enseñaba el retoque, que existían limitaciones en el grado de retoque que se hacía en un rostro. Por ejemplo, no se debería reducir totalmente las arrugas en una persona mayor o  las “patas de gallo” cerca a los ojos, porque la fisonomía de una persona va cambiando con los años y quitar todas las arrugas de una persona de 50 años, sería como tener a una persona de  20 o 25 años, con la expresión en su rostro no coincidente con su fisonomía actual. Entonces se podía suavizar bastante, pero sin deformarla ni alterarla en su naturaleza.  Aquí un ejemplo del grado de retoque en sus fotografías.


Igualmente, Baldomero enseñaba que no se puede reducir la “papada” totalmente porque la persona aparentaría  tener “bocio” que es una inflamación  en el cuello debajo del rostro. Solo había que trabajar en suavizar las sombras y adelgazar un poco el cuello. También con un  trabajo fino, cabello por cabello se podría eliminar puntas o pelo suelto, arreglar los bigotes en los caballeros, pero no agregar cabellera ni hacer más  densa la barba.



Indudablemente el maestro Alejos tenía muchísima paciencia, pero sobre todo un arte genuino. Su labor era embellecer a las personas, de allí su fama de gran retratista. Sólo con un lápiz podía lograr este prodigio, tal es así, que el diario de mayor circulación en el Perú, El Comercio, en su primera plana del 1ro de abril del 2006, a raíz de la exposición en la Universidad de Harvard y en París, publicó una de sus espectaculares fotografías con el título  ALEJOS: EL PRECURSOR DEL RETOQUE DIGITAL.

El arte del retoque profesional, Baldomero Alejos lo aprendió de su maestro, el gran fotógrafo Don Diego Goyzueta, entre 1920 a 1922, cuando trabajaba para él en su Estudio fotográfico en Lima.